lunes, 7 de agosto de 2017

Navío Santísimo Sacramento

En 1690 el virrey del Perú D. Melchor Portocarrero Laso de la Vega, conde de la Monclova, ordena construir una capitana y una almiranta para la Armada del Mar del Sur. La capitana era el "Sacramento", botado en el astillero de Guayaquil en 1692 con las especificaciones técnicas del general de la Armada D. José de Alzamora. Su coste, fue sufragado por el Consulado de Comercio de Lima. Teniendo en cuenta que fueron los comerciantes de Lima los que pagaron gran parte de su construcción, lo hicieron muy parecidos a los mercantes de entonces, pensando más bien en el arqueo suficiente para transportar más mercancías que como buques de escolta bien artillados y veloces. A finales del siglo XVII existían verdaderos navíos, con una proporción de 4 a 1 (eslora/manga), que no es el caso de estos buques.

Las maderas empleadas eran de mejor calidad que las utilizadas en Europa, aunque el sistema de construcción empleado era muy irregular, el mismo que se empleaba en la construcción de buques mercantes. Medía 48 codos de quilla y 18 de manga, desplazando unas 845 toneladas. Aunque eran tan cortos como una fragata y llevaban como máximo 40 a 50 cañones, tenía la clasificación de navíos, al disponer de dos baterías. La batería baja no se utilizaba, pues casi siempre estaba anegada. Respecto al calibre de los cañones era de hasta 24 libras, mayor incluso que los navíos de la Armada de Avería en aquella época. 

Como nave capitana de esta Armada su principal misión consistía en la escolta de los convoyes mercantes destinados a Panamá, llevando la plata del Perú y otras mercancías a las ferias de Portobelo, coincidiendo con la llegada de la Flota de Galeones a Tierra Firme.


En 1723 D. Blas de Lezo se hizo cargo de la Armada del Mar del Sur, sustituyendo a D. Bartolomé de Urdinzu. Por aquel entonces, sólo la calidad de las maderas había evitado su baja, pero Lezo dirige una reforma casi total en 1724, consistente en quitarle una batería y reducirle el armamento a 30 cañones, de a 12 y a 6 libras. A pesar de la profunda reforma y el coste, lo mismo que costó su construcción, no dejó de ser un buque mediocre. 

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RETRATO DE JOAQUIN SOROLLA de Manuel Benedito Vives

Óleo sobre lienzo, de 100 x 76 cm. Museo de la Ciudad. Valencia.