La Tercera Cruzada



La pérdida de Jerusalén supuso el mayor cataclismo para la cristiandad desde la aparición del Islam. Urbano III, una semana después de recibir la noticia de la perdida de Jerusalén, falleció desesperado por la noticia. 

Gregorio VIII, elegido nuevo pontífice, envió una carta el 29 de octubre de 1187 a los monarcas cristianos convocándoles a una nueva cruzada a cambio de importantes indulgencias, pero falleció el día 15 de diciembre.

Con la pérdida de Jerusalén y la mayoría de las ciudades de Palestina y Líbano, los templarios perdían parte de su razón de ser, y su papel comenzó a ponerse en entredicho. Sin embargo la llamada del papa para una nueva cruzada fue bien acogida. Los reyes de Francia e Inglaterra y el emperador de Alemania decidieron unir sus esfuerzos para recuperar Jerusalén. La moral de los templarios no pasaba por su mejor momento, su maestre Ridefort estaba preso; su sede fundacional en Jerusalén, estaba perdida; y Saladino había ocupado sus castillos de Baghras y Darbsaq, además de la fortaleza de Safed. Ellos solos no podían mantener Tierra Santa en manos cristianas. El hermano Terricus, preceptor del Temple en Jerusalén, se hizo cargo de la dirección de la Orden en ausencia del maestre Ridefort. 

Terricus, intentó la liberación de Ridefort a cambio de Gaza, pasó esta a poder del sultán, quien soltó a Ridefort, el cual una vez libre volvió a dirigir el Temple. En el verano de 1188 también fue liberado el rey Guido. Este mismo año, la cristiandad se movilizó con más interés que nunca para la Tercera Cruzada. Felipe II de Francia, Ricardo I de Inglaterra y Federico I de Alemania, tomaron la cruz y decidieron ir en persona a la cruzada. La idea inicial era realizar un ataque combinado. A comienzos de 1189 empezaron a llegar los primeros contingentes de cruzados a las costas de Tierra Santa.

Guido que había recuperado el mando del ejército decidió, junto con Ridefort, que la reconquista de la ciudad de Acre sería el primer paso para reconquistar los territorios perdidos en 1187. En agosto de 1189 el ejército cristiano sitió Acre. Saladino envió tropas, librándose el 4 de octubre en las afueras de Acre una batalla que quedó en tablas. Gerardo de Ridefort, desquiciado, se negó a abandonar el campo de batalla, completamente solo, en medio del campo, blandía su espada amenazando al ejército musulmán, mientras todos los demás cristianos se habían retirado a sus posiciones defensivas, durante un buen rato los hombres de Saladino contemplaron con asombro a aquel personaje gritando como un poseso y amenazándolos con su espada, cansados de sus bravatas, lo capturaron. En esta segunda ocasión Saladino no se molestó lo más mínimo y ordenó la ejecución del maestre. Nadie debió de sentir la menor pena por ello.

Federico I Barbarroja en mayo de 1189 se puso en marcha hacia Oriente, obtuvo algunas victorias en Asia Menor y avanzó hasta Cilicia, pero en el Selef, un riachuelo de escaso caudal, el emperador se ahogó el 10 de julio de 1190; el efecto fue fulminante sobre los cruzados alemanes; unos regresaron a casa, otros continuaron hacia el sur para integrarse en el ejército cruzado, mientras otros buscaban, como mercenarios, la fortuna que habían venido persiguiendo. Pese a semejante revés, Felipe II y Ricardo I decidieron seguir adelante. Ricardo Corazón de León se detuvo algún tiempo en Sicilia; allí pactó con los templarios para que velaran por sus intereses, comenzando la amistad entre el Temple y el rey de Inglaterra, que se mantendría hasta la muerte de éste. Desde Sicilia el rey inglés llegó a Chipre, conquistándola esta isla, vendiéndosela enseguida a los templarios. 


Acosados por los chipriotas, se refugiaron en un castillo a las órdenes del hermano Bouchart, jefe templario de Chipre, hicieron una salida realizando una gran matanza entre la población, la situación se hizo insostenible, la única solución era abandonar la isla. Por mediación de Ricardo, el Temple alcanzó un acuerdo económico con el rey Guido de Lusignan, que les compró Chipre. El Temple, a comienzos de 1191, seguían sin maestre, y optaron por elegir a Robert de Sable, caballero de Maine, recomendado por Ricardo Corazón de León, de quien era pariente lejano, éste ordenó a los templarios que redoblaran sus esfuerzos ante Acre, la acumulación de tropas ante Acre fue tal que la ciudad se rindió el 11 de julio de ese mismo año. Ricardo eliminó a todos los musulmanes y Saladino respondió negándose a entregar la Vera Cruz, que reclamaban los cristianos. Felipe de Francia, consideró que había cumplido sus votos de cruzado y retiró sus tropas, regresando a Francia. 

Ricardo no se encaminó a Jerusalén. Junto con los templarios, avanzó por la costa en dirección a Jaffa. El 20 de agosto en Ayyadiah asesinó indiscriminadamente a una multitud de cautivos musulmanes, muchos de ellos capturados en Acre, entre los que había mujeres y niños. Saladino se indignó y fue contra Ricardo. El enfrentamiento se produjo el 7 de septiembre de 1191 en Arsuf, con victoria del rey de Inglaterra, que cabalgaba al lado de sus aliados templarios. El camino hacia Jerusalén estaba abierto, pero Ricardo echaba de menos la corte y las noticias que llegaban anunciaban deseos de su hermano Juan por ocupar su trono, además Saladino era un rival formidable y el invierno había llegado. Una vez pasado el invierno, Ricardo se decidió atacar, acampando a unos veinte kilómetros a finales de la primavera de 1192. Se decidió a atacar, pero Saladino cortó el acceso al agua y Ricardo tuvo que retirarse hacia la costa. En vista de que los pequeños combates quedaban en tablas, decidieron negociar. 

Saladino y Ricardo llegaron a un acuerdo en Jaffa en septiembre de 1192, pactando una tregua de cinco años. Ricardo decidió volver a Inglaterra, el maestre del Temple le proporcionó una escolta de cuatro caballeros entregándole un hábito de caballero a modo de disfraz. Ricardo partió de Acre el 9 de noviembre de 1192, pero su regreso fue muy accidentado. Al pasar por Austria fue identificado, capturado y preso en un castillo durante casi dos años. Su madre, la reina Leonor, logró reunir el dinero suficiente para comprar su libertad. Corazón de León fue liberado en febrero de 1194. Tras la conquista de Acre y la venta de Chipre, el Temple ubicó allí su sede principal, en un enorme edificio conocido precisamente con ese nombre, «el Temple». Robert Sable murió el 13 de enero de 1193, el mismo año que Saladino, y poco después, a comienzos de 1194, fue elegido, al fin, Gilberto de Erail. La Tercera Cruzada logró recuperar Acre, pero fracasó en su objetivo: la reconquista de Jerusalén. La muerte de Saladino vino a dar un respiro a los cristianos, sobre todo cuando su imperio se desmembró entre sus tres hijos, que gobernaron Alepo, Damasco y Egipto. La gran obra que construyera Saladino parecía venirse abajo.

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