sábado, 30 de diciembre de 2017

HISTORIA DE LAS CALLES DE VALENCIA: Cotanda

Esta calle transcurre entre la Plaza del Ayuntamiento (antes Plaza de San Francisco) hasta la calle de San Vicente Mártir. El origen de su rótulo es anterior a las reformas de principios del siglo XX. Pero hemos de averiguar a que es debido este rótulo, ya que el apellido Cotanda es de bastante uso en Valencia e incluso en el Reino de Valencia. Al no citarse el nombre, condición o estado, puede llevarnos a confusión.


La calle Cotanda, como sus hermanas de En Llop y Sangre, ya existían antes de las reformas urbanas de mediados del siglo XIX, sufriendo algunas intervenciones en las de finales del siglo XIX y principios del XX. Según Taberner “El grado de saturación alcanzado está reclamando el ensanche del recinto medieval; pero la presencia de las murallas coarta cualquier intento, por lo que se va procediendo -mediante pequeñas reformas y modificaciones- a acondicionar el escaso suelo disponible, con los precarios medios existentes; en 1851 se acordaba la rectificación de líneas de la calle de la Sangre. La implantación de la Estación de Ferrocarril también produce alteraciones en los terrenos de los antiguos cuarteles de San Francisco”.

Dentro de todo el conjunto de grandes edificios suntuarios que se alzarán en el flanco derecho, inmediato a la calle de San Vicente, de la hoy Plaza del Ayuntamiento, surgirán en la calle Cotanda también otros de estilo modernista que cambiarán la configuración urbana de la calle.


A la mitad del trayecto de la calle de Cotanda nos encontramos con una única travesía cuyo rótulo es calle de Zapata, y que tiene más bien, por sus estructuras, carácter de pasaje.

Como dato curioso, se lo debemos al cronista Vicente Boix y Recarte, que en su Valencia Histórica y Topográfica, dice: “sale de la de San Vicente a la esquina de la casa número 107 donde he tenido muchos años yo mi tugurio”.



Muy conocido por el mundo turístico ha sido en esta calle chaflán a la Plaza del Ayuntamiento el Hotel-Residencia Oltra, el cual, convenientemente remodelado hoy abre sus puertas bajo la razón social de Meliá Plaza.

Lockheed P38 Lightning


El P38 Lighting fue uno de los cazas más importantes de la Segunda Guerra Mundial del ejército de los Estados Unidos. Concebido inicialmente como un caza de alta cota, fue utilizado como un aparato polivalente. El aparato nació a raíz de una especificación de 1936, formulada por el U.S. Army Air Corps. Tenía una barquilla central en el ala, que acomodaba al piloto y el armamento, y dos largueros como extensiones posteriores del capó de los motores en los que se encontraban los turbocompresores y un estabilizador vertical y timón de dirección con forma oval, unidos ambos largueros por un gran estabilizador horizontal, fue uno de los primeros aviones de combate con contar con tren triciclo. Denominados por los pilotos alemanes, der gabelschawz Teufel (diablo con cola de tenedor).
Voló por primera vez el 27 de enero de 1939, iba equipado con dos motores Allison con turbo compresor, con hélices Curtiss, girando hacia la barquilla central, un cañón Madsen de 23 mm y cuatro ametralladoras del calibre 50. Dio servicio en el Mediterráneo, sobre Europa, y en China-Birmania-India.

Se decía que su configuración bimotora y su gran tamaño le hacían menos maniobrable que los cazas monomotores. Sin embargo, lo cierto es que era más rápido que muchos de éstos, haciéndole especialmente adecuado para ataques por sorpresa, con una velocidad ascensional incomparable. También podía picar más rápido que la mayoría de los aparatos disponibles, aunque con limitaciones, pues los efectos de la compresibilidad del aire hacía que los largueros vibrasen y se “ondulasen”, y otros problemas relativos a dicha compresibilidad del aire, como el aumento repentino de la resistencia del aparato.
Si se compara en tamaño con otros cazas, podemos apreciar que no es tan grande comparativamente, y que su silueta frontal y lateral son muy pequeñas, haciendo difícil el ser detectado en la distancia. Pronto se vieron sus virtudes en combate, así como sus fallos en las primeras versiones. El P-38 no era un aparato cómodo de volar para pilotos novatos o medios, lo que haría que muchos no lo tuvieran en muy alta estima, o que se perdieran pilotos con poco entrenamiento en sus primeras misiones operativas. Era difícil, tenías que estar pendiente de muchas cosas y siempre te mantenía alerta.
El 23 de junio de 1937, el USAAC aprobó el diseño de H.L. Hibbard como Lockheed Modelo 22,
solicitando el prototipo XP-38, el primer avión de preserie, de un lote inicial de 13, realizo su vuelo el 16 de septiembre de 1940, propulsado por dos motores Allison V-1710-27/29 de 1150 hp y un armamento de un cañón de 37 mm, dos ametralladoras de 12.7 mm y dos de 7.62 mm. Posteriormente el armamento fue cambiado a un cañón de 23 mm y cuatro ametralladoras de 12.7 mm en el P-38 con cabina blindada, 6960 kg de peso y una velocidad de 636 km/h. La versión definitiva P-38D fue entregada a la USAAC en Agosto de 1941, siendo equipado con ellos el Escuadrón 27º del Grupo Selfridge. En Noviembre de 1941 se inició la producción del P-38E con cañón Hispano de 20 mm, prestando servicio en 12 escuadrones de la USAAF durante 1942 y 1943, en el Pacifico.
En Marzo de 1941, la RAF hizo un pedido por 667 aviones equipados con motores Allison V-1710-C15R, algunos fueron entregados a principios de 1942, para prueba en Boscombe Down y Farnborough, recomendándose cancelar el pedido pues sus prestaciones no satisfacían las expectativas, estos fueron entregados a la USAF para ser usados como aviones de entrenamiento. El P-38F entro en línea de montaje a principios de 1942, con motores V-1710-49/53 de 1.325hp con lo cual desarrollaba una velocidad máxima de 636 km/h a 7.600 m, habiéndose introducido dos soportes subalares para bombas de 454 kg o depósitos auxiliares de combustible, aumentando su alcance a 2.816 km. El P-38F-5-LO venia equipado con equipo de oxigeno y el P-38F-15-LO adoptó flaps de combate que permitían virajes mas cerrados, gracias al aumento en el poder de sustentación. El XP-59 que voló en noviembre de 1942, con motores Continental XIV-1430-13/15 de 1350 hp, contaba con cabina presurizada y dos cañones de 20 mm más cuatro ametralladoras de 12.7 mm. La versión XP-58, era un P-38 agrandado, con dos motores Allison V-3420-11 de 3000 hp, estaba equipado con una torreta de cuatro ametralladoras y un armamento en el morro consistente en un cañón de 75 mm o dos de 20 mm y cuatro ametralladoras de 12.7 mm, velocidad máxima de 702 km/h a 7.600 m, voló en junio de 1944, pero no fue producido en serie. La versión P-38G estaba impulsada por dos motores V-1710-51/55 de 1.325 hp y equipo de radio SCR-274N.



viernes, 29 de diciembre de 2017

HISTORIA DE LAS CALLES DE VALENCIA: D’En Llop

Esta calle tiene este rótulo, desde hace poco más de un siglo y medio. Con sus grandes edificios modernistas, se hizo célebre por la imponente y grotesca escultura de un hombre de formas colosales, que allí fue colocada sobre la fachada de una casa de esta calle, que el vulgo no dudó en bautizar con el popular nombre del “Nano del carrer d’En Llop”. Pero recordemos su historia:
Al hablar de la Plaza del Ayuntamiento, recordamos que la nobiliaria familia de los Castillo, tenía su palacio en esta plaza, cuya fachada lateral asomaba a la calle En Llop. Y precisamente a esa misma calle asomaba la fachada posterior de la casona solariega de Lorenzo Merita Llácer, en la cual se hallaba su dormitorio. Y no queriendo ser observado por su vecino, decidió comprar la casa lindante, con el objeto de elevarla y evitar así curiosas miradas.

Ambos vecinos eran regidores perpetuos, por ser nobles y por elección entre los miembros del Concejo, fueron designados para representar a la ciudad en la corte, con motivo de la solemne Jura del príncipe de Asturias, hijo de Carlos III y que más tarde sería rey con el nombre de Carlos IV.

Con tal fin marcharon ambos regidores a la capital de España. Durante el largo viaje, Francisco Castillo, tuvo ocasión de tratar con Lorenzo Merita acerca de alguna parte del edificio palaciego, que le mermaba luces y le privaba a su casa de la alegre vista del jardín de los frailes de San Francisco. Como existiesen discrepancias, se originó una polémica que duró todo el viaje. Llegados a la corte, se olvidó de momento el asunto.

La presencia de Francisco Carrillo en la corte, le valió precisamente el título de marqués, con la denominación de aquél acto, es decir de Jura Real. Pronto hizo valer en las dos portadas de su palacio en Valencia, el correspondiente escudo heráldico, con la corona, símbolo del marquesado. Fue entonces cuando Lorenzo Merita se indignó por la deferencia que había tenido el rey con su vecino. Y para aumentar su agravio, tuvo que paralizar, por sentencia Judicial, las obras que realizaba para evitar ser observado por el marqués. Todo ello le impulsó a colocar en la fachada posterior de su casa, que daba a la calle En Llop y que enfrentaba con el lateral del palacio de Jura Real, una grotesca figura de un tipo hercúleo tallado en piedra en actitud de darle la espalda a la casa del marqués.

Cuando la noble alcurnia de los Castillo pasó a residir en Madrid, el suntuoso palacio fue derribado y en su solar, se alza en la actualidad, el majestuoso edificio conocido por “La Adriática, S.A.” de seguros. Mientras que la mansión de los Merita fue transformada en un importante bazar.

En tanto el “Nano” continuó en su actitud insolente, dando la espalda al público que por allí pasaba, hasta que una nueva configuración de la calle, obligó a retirarlo de su emplazamiento. Y así el mes de agosto de 1929, fue trasladado a una finca que el señor Carceller poseía en La Cañada, sobreviviendo allí hasta nuestros días.


LOS REINOS DE TAIFAS-La Taifa de Sevilla

Sevilla con sus territorios fue uno de los reinos nacidos tras la desaparición del califato de Córdoba, como tal, pero no de los primeros en independizarse.
Cuando el bereber Alí ben Hammud se hizo con el califato en 1016, nombró a su hermano al-Qasim gobernador de Sevilla; y cuando aquél fue asesinado en 1018, al-Qasim le sucedió en el califato. En 1021, fue destronado por su sobrino Yahya ben Alí y tuvo que refugiarse en Sevilla. En 1023, tras la huida de Yahya, al-Qasim fue califa por segunda vez. Siete meses después, tras una sublevación, al-Qasim abandonó Córdoba e intentó refugiarse nuevamente en Sevilla, pero esta vez los sevillanos le cerraron las puertas.
En aquella época destacaba la actuación en favor de los intereses de Sevilla y no los de Córdoba, del cadí árabe yemení Ismail ben Abbad, que había sido nombrado por Almanzor. Para llenar el vacío de poder que se producía en al-Andalus, Ismail agrupó a su alrededor las fuerzas vivas de su ciudad gobernando con ellas. Lo hizo de una forma ejemplar y manteniéndose fiel al poder central de Córdoba hasta 1023. En ese año, las cataratas afectaron su visión, y aunque recuperó algo de ella después de ser operado, tuvo que dejar el cargo a su hijo Abú al-Qasim Muhammad y atender solamente las deliberaciones del Consejo de notables.
Abú al-Qasim Muhammad ben Ismail ben Abbad, comenzó ejerciendo el cadiazgo que le dejo su padre y el poder político, junto con los otros notables sevillanos, en el Consejo. Éste fue dirigido por una especie de triunvirato integrado por el propio cadí Muhammad ben Ismail ben Abbad, el alfaquí Abú Abd Allah al-Zubaydi y el visir Abú Muhammad Abd Allah ben Maryam. En 1023, el Consejo sevillano ordenó cerrar las puertas de Sevilla al depuesto califa al-Qasim y a sus bereberes, estableciendo así la autonomía de Sevilla, aunque todavía reconociendo formalmente al califa hamudí Yahya ben Alí.
Muhammad ben Abbad fue haciéndose con el poder, consolidándose en el poder cuando su padre murió. En ese tiempo, fue cortando los lazos con los califas hammudíes de Málaga hasta que en 1027 rompió definitivamente con Yahya ben Alí. Éste, secundado por Muhammad ben Abd Allah, régulo de Carmona, sitió Sevilla y consiguió que fuera reconocido califa y que Muhammad ben Abbad le entregara a su hijo como rehén, para asegurar su fidelidad.
En 1030, la ambición expansionista de ben Abbad lo llevó a enfrentarse con el reino taifa de Badajoz al tratar de apoderarse de la plaza de Beja. El régulo badajocense Abd Allah se adelantó enviando a su hijo Muhammad para que la defendiera. Los sevillanos, apoyados por la taifa de Carmona, acudieron e iniciaron un asedio. A pesar de que fue ayudado por la taifa de Mértola, el reino de Badajoz perdió la plaza, sus habitantes fueron masacrados y Muhammad fue hecho prisionero y llevado a Carmona.
En 1033, la rivalidad entre las taifas de Badajoz y Sevilla se volvió a poner de manifiesto cuando Ismail, hijo de Muhammad ben Abbad, realizó una expedición contra el reino de León por lo que necesitó atravesar el territorio del reino de Badajoz con la autorización de su régulo. Sin embargo, al regresar fue objeto de una emboscada y su ejército fue aniquilado, por lo que tuvo que buscar refugio en Lisboa.
En 1034, Yahya ben Alí ocupó el reino de Carmona, y su régulo tuvo que refugiarse en Sevilla. Hasta allí le persiguió el califa hamudí, que murió víctima de una emboscada ante sus muros. Para sucederle, los bereberes trajeron del Magreb a un hermano de Yahya, Idris, al que proclamaron califa en Málaga. Ante esta situación, en 1035, Muhammad ben Ismail, que necesitaba un califa omeya que oponer al hamudí y una excusa para acometer sus planes expansivos, decidió encumbrar a un falso Hisham II, del que se autonombró hayib (Chambelán), y hacerlo reconocer por los demás reinos de taifas. Así lo hicieron los régulos de Carmona, Denia, Valencia y Tortosa; y, aunque en un principio también lo hizo el de Córdoba, acabó negándolo, actitud que encolerizó a Muhammad ben Abbad.
En 1036, una coalición de los reinos de Carmona, Granada y Almería, atacaron diferentes plazas y castillos del reino de Sevilla y sitiaron su capital, y aunque no lograron tomarla, proclamaron califa a Idris en sus inmediaciones. En los últimos años de su reinado, el régulo sevillano buscó la expansión de su reino frente a los reinos taifas bereberes; por lo que tuvo que enfrentarse a Granada, Badajoz, Carmona y Málaga. En uno de aquellos enfrentamientos dado en Écija en 1039, derrotaron a los sevillanos; muriendo Ismail, hijo y heredero de Muhammad ben Abbad. Casi dos años después, en 1042, murió el régulo sevillano.
Abbad ben Muhammad ben Ismail ben Abbad al-Mutadid,  era hijo de Muhammad ben Abbad. Éste, en 1027, lo había entregado como rehén al califa hammudí Yahya ben Alí. Cuando volvió a Sevilla, estuvo bajo la sombra de su hermano Ismail, heredero y verdadero ejecutor de la política de su padre. A la muerte de aquél, en el enfrentamiento de Écija de 1039, se convirtió en heredero. Tenía como favorita en su harén a una hija del régulo Muyahid de Denia. En 1042, sucedió a su padre con el cargo de hayib y tomó el título honorífico de al-Mutadid. De él heredó el encabezamiento del bloque contrario a los bereberes hammudíes, el mantenimiento de la legalidad califal del supuesto Hisham II y su afán expansionista. En ese año continuó la lucha contra el reino taifa de Carmona, logrando matar en un enfrentamiento a su régulo Muhammad ben Abd Allah; sin embargo, no pudo hacerse con aquel reino hasta 1066/7. A continuación, al-Mutadid decidió atacar las taifas situadas al oeste de Sevilla, menos fuertes militarmente que las taifas beréberes del sur.

En 1044, al-Mutadid ocupó y se anexionó el reino de Mértola, que era aliado de sus enemigos los aftasíes de Badajoz; luego fue contra el de Niebla, cuyo régulo pidió la ayuda de Badajoz, Carmona, Granada, Algeciras y Málaga. Juntos se enfrentaron al sevillano y sufrieron una grave derrota. La peor parte la sufrió el reino de Badajoz. El conflicto fue tan largo y virulento, que fue necesaria la mediación de los mandatarios de Córdoba para lograr la reconciliación, que finalmente se consiguió en 1051. El régulo de Niebla terminó cediendo sus tierras a al-Mutadid y se refugió en Córdoba. La taifa fue definitivamente absorbida por Sevilla en el año 1053/4.
Una vez asegurada la paz con el reino de Badajoz, al-Mutadid se lanzó contra las pequeñas taifas del suroeste peninsular, así: en aquel año de 1051, obligó al régulo de Huelva y Saltés a cederle su reino, con lo que éste se vio forzado a refugiarse en Córdoba; luego le llegó el turno al reino de Santa María del Algarve, cuyo régulo se refugió en Sevilla después de negociar la cesión de la taifa al no poder defenderla; en 1052 o en 1063, al-Mutadid se anexionó el reino de taifa de Silves.
En 1053, al-Mutadid decidió hacerse con los reinos bereberes de Morón, Ronda y Arcos. Para ello, urdió la estratagema de invitar a Sevilla a sus régulos y a sus correspondientes séquitos para asistir a una festividad familiar. Los recibió con gran pompa, pero luego mandó encerrarlos a todos. Pero la acción no propició la inmediata anexión de aquellos reinos, ya que tardó unos años en producirse. En 1054, se hizo con el reino de Algeciras, cuyo régulo, que no llegó a proclamarse califa al no poder encontrar aliados, tuvo que entregárselo a al-Mutadid, que le permitió refugiarse en Ceuta.
En 1059, Ismail, hijo de al-Mutadid, hizo oídos a su consejero al-Bizilyaní y se rebeló contra su padre. Fracasado el intento, Ismail volvió a la obediencia de al-Mutadid y éste mandó matar al consejero. Al poco tiempo, Ismail volvió a rebelarse, y nuevamente fracasó. Al-Mutadid lo mató con sus propias manos e hizo ejecutar a todos sus cómplices y a las mujeres de su harén. A continuación nombró heredero a su hijo Muhammad.
Hacia 1060, al-Mutadid decidió prescindir del presunto Hisham II porque, al haber desaparecido el califa bereber de Algeciras, ya no lo necesitaba. Declaró que aquél había muerto en 1044, y que debido a la guerra no creyó conveniente hacer público su defunción. Desde 1063, al-Mutadid, a pesar de sus victorias sobre los reinos de taifas, tuvo que comenzar a pagar parias a Fernando I “el Magno”, rey de Castilla y León, que se había presentado ante las murallas de Sevilla. Además de las parias, al-Mutadid debía entregar las reliquias de Santa Justa. Éstas fueron buscadas por los obispos de León y Astorga, pero no las hallaron. Sí encontraron las de San Isidoro, que fueron llevadas a León y depositadas allí con gran solemnidad.
En 1066, anexionó la Taifa de Ronda. Su régulo fue asesinado por una conspiración, auspiciada por al-Mutadid. En el mismo año, el reino Taifa de Morón fue entregado al-Mutadid al no poder resistir su acoso y la hostilidad de una coalición formada por los reinos de Taifas de Granada y Córdoba. También el régulo de Carmona, pactó con al-Mamun de Toledo la entrega de su reino a cambio de la cesión de un castillo en su taifa, donde poder vivir con tranquilidad. Así se hizo, seguramente, pero al-Mutadid le cambió a al-Mamun el recién adquirido reino de Carmona por la promesa de ayuda para que se apoderara del reino de Córdoba. Al-Mamun cumplió el pacto, pero el sevillano no lo hizo.
Hacia 1068, el reino Taifa de Arcos fue anexionado al de Sevilla, cuando al-Mutadid tendió una emboscada al séquito de su régulo que marchaba hacia Granada para entregar su reino. En febrero de 1069, al-Mutadid murió víctima de una apoplejía. Fue extremadamente cruel, ambicioso, vengativo, audaz, pérfido, dado a la bebida y a los placeres del sexo. Por su harén llegaron a pasar 800 mujeres y a su muerte dejó más de veinte hijos y otras tantas hijas. Pero también era culto y realizaba composiciones poéticas.
Abú l-Qasim Muhammad al-Mutamid, heredó el reino a la muerte de su padre al-Mutadid, cuando era joven, aquél lo nombró gobernador de Huelva, y posteriormente de Silves, después de su toma en 1053. Ya reinando, adoptó el título honorífico de al-Mutamid. Fue un príncipe muy culto y un excelente poeta. En el reino de Silves, tuvo como consejero y amigo a Ibn Ammar, que también era un buen poeta. Cuando en 1058 volvieron a Sevilla, conocieron a la esclava de un alfarero llamada Rumaykiyya; Muhammad, la compró, la llevó a palacio, la hizo su favorita y le cambió su nombre por el de Itimad.
En 1070, Muhammad al-Mutamid, se apoderó de Córdoba. Ocurrió que al-Mamun de Toledo puso sitio a la ciudad al comprobar que el sevillano tampoco cumplía lo pactado con al-Mutadid. El mandatario de Córdoba, falto de defensores, pidió ayuda al sevillano; éste le envió tropas que rechazaron a los toledanos. Después, ante la debilidad del reino, aquellas tropas, siguiendo instrucciones de al-Mutamid, destituyeron al cordobés y le proclamaron rey de Córdoba. Al-Mutamid entregó el gobierno de la ciudad a su hijo y hayib Abbad Siray al-Dawla.
En 1073, el rey castellano-leonés Alfonso VI envió a Pedro Ansúrez al reino de Granada para exigir el pago de parias. El régulo granadino Abd Allah ben Buluggin se negó a pagar pensando que el reino de Toledo hacía de barrera entre Granada y León. El visir sevillano Ibn Ammar aprovechó la negativa de pago del granadino para pactar con Alfonso VI una alianza contra su mortal enemigo. Juntos tomaron el castillo de Velillos para así hostigar la vega granadina. En 1075, después de varios intentos para recupéralo, Abd Allah se dispuso a pagar. Ese mismo año, al-Mutamid perdió Córdoba porque Hakam ben Ukasa, caíd de un castillo cercano a la capital, se alzó a favor de al-Mamun de Toledo y asesinó a Abbad Siray al-Dawla. Por dicho motivo, el régulo sevillano al-Mutamid tuvo que concentrar sus fuerzas y abandonó Velillos que fue ocupado nuevamente por Abd Allah. Hacia 1078, al-Mutamid logró recuperar Córdoba, hizo crucificar a Ibn Ukasa y colocó a su hijo al-Fath como gobernador.
En ese año, al-Mutamid realizó el primer intento para apoderarse de Murcia. La iniciativa partió, seguramente, del visir Ibn Ammar. Éste se presentó ante las murallas de Murcia con sus tropas y con las del conde Ramón Berenguer II de Barcelona. Por un retraso en el pago de su colaboración, éste se retiró, y además, apresó a al-Rasid, hijo de al-Mutamid, y al propio Ibn Ammar. Una vez rescatados por al-Mutamid, Ibn Ammar pidió la colaboración de Abd al-Rahman ben Rasiq, señor del castillo de Vilches o de Vélez Rubio, para volver a intentarlo.
Mientras él volvía a Sevilla, Ibn Rasiq tomó la ciudad, apresó a su régulo Abú Abd al-Rahman Muhammad ben Tahir y proclamó soberano de Murcia a al-Mutamid. A continuación, Ibn Ammar volvió de Sevilla y tomó posesión de la ciudad en nombre de al-Mutamid, pero durante unos meses, se comportó como si fuera un soberano independiente. Aprovechando una salida de inspección de Ibn Ammar, Ibn Rasiq cerró las puertas de la ciudad y no dejó que el visir volviera a entrar en Murcia. Seguramente, por estos hechos y por haber escrito unos versos gravemente ofensivos dirigidos a Itimad, al-Mutamid cortó personalmente la cabeza a su antiguo amigo y visir cuando éste regresó a Sevilla. A partir del rechazo del visir, Ibn Rasiq gobernó Murcia reconociendo, más o menos, la soberanía de al-Mutamid.
En ese año de 1079, al-Mutamid se retrasó en el pago de las parias, por lo que Alfonso VI envió al Cid, acompañado de su mesnada, a cobrar la deuda. Al mismo tiempo, envió al conde García Ordoñez a cobrar las parias de Granada. Su régulo, Abd Allah ben Buluggin, aprovechó la estancia de los castellanos para pedirles ayuda para solventar los problemas fronterizos con el reino de Sevilla. Éstos accedieron, y en compañía de los granadinos, entraron en tierras sevillanas. Al-Mutamid exigió, como reino tributario de Alfonso VI, que el Cid rechazara la agresión. Como era su obligación, éste pidió a los nobles castellanos que se retiraran a las fronteras granadinas. El ejército granadino, apoyado por los castellanos no hizo caso y siguió su avance. El ejército sevillano, con la ayuda del Cid, salió a su encuentro y derrotó totalmente a los granadinos. Durante tres días, los nobles castellanos estuvieron prisioneros hasta que el Cid los liberó. El odio contra el Cid que sentían García Ordoñez y los otros nobles se incrementó con la derrota. A su regreso, consiguieron con sus insidias enemistar al Alfonso VI contra el Cid. Este asunto fue una de las razones que produjeron en 1080, el primer destierro del Cid. Éste volvió a Castilla, después de haber sido colmado de honores por al-Mutamid, con las parias cobradas y con muchos regalos que fueron entregados al Rey.
En 1083, Alfonso VI envió a Sevilla al judío Ibn Shalib para cobrar las parias. En el pago, el embajador comprobó que las monedas eran de baja ley. Al devolverlas, al-Mutamid encolerizado ordenó crucificar al judío y apresar a toda la embajada. Alfonso VI tuvo que entregar la plaza de Almodóvar del Campo para liberar a sus embajadores. Luego, preparó un ejército en dos columnas. Una de ellas atacó por Coimbra, bajando hacia Beja y de allí a Sevilla, acampando en Triana. La otra, al mando del propio Rey, fue directamente a Sevilla arrasando cuanto encontró a su paso. Reunidas las dos columnas se mantuvieron tres días en los alrededores de la ciudad, saqueando las aldeas del Aljarafe. Después cabalgaron hasta Tarifa, pasando por Medina Sidonia. La consecuencia de aquella cabalgada fue que al-Mutamid se decidió a solicitar la ayuda de Yusuf ben Tasufin, emir almorávide del norte de África.
Yusuf ben Tasufin desembarcó en Algeciras y al-Mutamid accedió a su petición de cederle la plaza gobernada por su hijo al-Radí, ordenando a éste que se retirase a Ronda. A continuación los almorávides marcharon hacia Sevilla donde se les unieron tropas de al-Mutamid, de Granada y de Almería. Juntos se enfrentaron al ejército de Alfonso VI y lo derrotaron en Sagrajas/Zallaqa, cerca de Badajoz, en 1086. Como consecuencia de la derrota, al-Mutamid dejó de pagar las parias al rey castellano-leonés. Yusuf ben Tasufin regresó al Magreb, pero dejó algunas tropas que al-Mutamid utilizó para atacar a Ibn Rasiq, que gobernaba Murcia sin mostrar la obediencia debida al sevillano.
En 1088 fracasó el sitio que los almorávides, junto con tropas de varias taifas, habían puesto a la plaza de Aledo, situada en el reino de Murcia, que estaba en poder de los castellanos-leoneses desde 1086. El fracaso se debió a las rencillas entre los diferentes régulos coaligados. Una de ellas fue la acusación de traición contra Ibn Rasiq por haber abastecido a la plaza, hecha por al-Mutamid, logrando que el emir almorávide se lo entregara. Así, al-Mutamid recuperó un cierto control sobre Murcia, seguramente a través del caíd de Lorca Abú l-Hasan ben al-Yasa, que, probablemente, la gobernó hasta que fue ocupada por los almorávides en 1091.
Los almorávides, después de apoderarse del reino de Granada en 1090, y del reino de Córdoba en marzo de 1091, donde gobernaba al-Fath, hijo de al-Mutamid, comenzaron a atacar al reino de Sevilla. Comenzaron apoderándose de Tarifa, luego sometieron la cuenca del Guadalquivir y terminaron poniendo sitio a la capital. A pesar de que los almorávides tenían partidarios dentro de la ciudad, al-Mutamid pudo resistir durante algún tiempo hasta que la ciudad fue asaltada en septiembre de 1091. Al-Mutamid, junto con parte de su familia, fue apresado y enviado desterrado al Magreb. Allí murió cuatro años después de haber perdido Sevilla.



jueves, 28 de diciembre de 2017

HISTORIA DE LAS CALLES DE VALENCIA: Sangre

La calle de la Sangre, hoy una de las más céntricas de la ciudad, cuyo trazado va desde la Plaza del Ayuntamiento a la calle de San Vicente Mártir, debe su rótulo a que en ella existió la Archicofradía de la Santísima Sangre de Cristo, fundada en 1400. Esta la iglesia en lo que hoy es la fachada lateral derecha del Ayuntamiento. Todavía hoy prevalece la entrada principal a dicha iglesia, constituida por dos hojas de grandes puertas revestidas de latón burilado; y más hacia la esquina con la Plaza del Ayuntamiento, permanece el hueco correspondiente a la entrada de una capilla adjunta a la iglesia de la Santísima Sangre, que perteneció a la venerable Orden Tercera Franciscana de Penitencia, a la que hace alusión el emblema tallado en piedra que aparece en la parte superior derecha de dicha puerta.


En la noche del Viernes Santo de los comienzo del la Valencia Renacentista, probablemente sin redoble de tambores ni estridencias de clarines, nuestros antepasados presenciaban silenciosos en las calles, la Procesión del Santo Entierro, que salía de la iglesia de la Sangre, organizada por la Cofradía del mismo nombre, dirigiéndose, con sus numerosos cofrades seguidos de penitentes, hacia la iglesia del no lejano Hospital, en la calle que hoy conserva dicho rótulo, que fundara el religioso valenciano de la Orden de la Merced, Padre Jofré, para allí unirse a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía, cuya imagen se veneraba en aquella capilla.

Desde aquella iglesia, y a muy corta distancia, se encontraba el convento dominicano de El Pilar, fundado para que sus religiosos visitasen diariamente a los enfermos del vecino Hospital. En la actualidad solo que da la iglesia, dedicada a El Pilar y San Lorenzo; en ella se hallaba establecida la Cofradía de Jesús Nazareno, que se unía así mismo a la procesión.


Fue erigida y aprobados los estatutos de la “Confradía nomenada de la Santíssima Sanch de Jesu Crist, en la Esglesia de Sant Miquel i Sant Donis”, el 15 de marzo de 1535, hoy ya inexistente y que estaba dicha iglesia en la zona del Barrio del Carmen, precisamente entre las calles que hoy conservan los nombres de San Miguel y San Dionisio.


Pero nos dice la historia que “no teniendo los cofrades casa para celebrar sus juntas”, el clavario y mayorales compraron el edificio y huerto del antiguo Hospital de la Reina, que como otros de Valencia, fue incorporado al General en el año 1512. Aquél Hospital de la Reina llevaba dicho título porque hacía referencia a la reina fundadora, doña Constanza, esposa de Pedro III el Grande, hija de Manfredo, rey de Nápoles y Sicilia.

En posesión de dichos solares, la Cofradía de la Sangre de Cristo, edificó esta su iglesia, y en los espacios restantes se construyó un mesón o parador de carros, por lo que la calle se rotuló por un tiempo de la Cofradía de la Sanch y del Parador de la Sanch, en sustitución del primitivo de Hospital de la Reina, si bien prevaleció el nombre de calle de la Sangre, hasta hoy, a excepción de los años 1936 a 1939 que se rotuló de Capitán Tejero.


Cuando el arzobispo Mayoral, a finales del siglo XVIII funda la Casa de la Enseñanza, para jóvenes doncellas, la edifica en solares recayentes a la calle de Renglóns (Arzobispo Mayoral), pero con la entrada principal en la calle de la Sangre. Cuando en 1854 la antigua Casa de la Ciudad, situada junto al Palacio de la Generalidad, fue declarada en ruinas, aquella Corporación Municipal pasó a ocupar el edificio de la Casa de Enseñanza, y así prevalece hasta nuestros días, destacando la portada principal de acceso que tuvo el Ayuntamiento al instalarse en la Casa de Enseñanza, y en la que resalta el escudo en relieve, esculpido en piedra del arzobispo Mayoral.



La calle de la Sangre permanece invariable, desde las reformas de principios del siglo XX, en lo que se refiere a longitud, sin embargo en amplitud ha variado notablemente. Es curioso recordar que el pavimento antiguo de la calle, estaba hecho con tablones de madera, posteriormente fue adoquinada, para acabar siendo asfaltada.

Martín I el Humano, rey de Aragón

Nacido el 29 de julio de 1356 en Gerona, era hijo segundo de Pedro IV el Ceremonioso y de Leonor de Sicilia, recibió al nacer el título de duque de Montpellier. En 1380 tras la muerte de Federico III, el reino de Sicilia, volvía a la órbita aragonesa, y su padre se lo cedió. Algunos nobles sicilianos, apoyados por los Anjou y por el pontífice, habían proclamado rey a Luis de Durazzo, pero Martín organizó una expedición y consiguió apoderarse de Palermo y de un buen número de villas. Se hallaba ocupado en la pacificación de la isla, cuando en 1396 la muerte de su hermano Juan I el Cazador, sin descendientes varones, hizo recaer en él la corona aragonesa.

Hasta su llegada a la Península, su esposa María de Luna, asumió el gobierno con prudencia y energía, tuvo que hacer frente a las intrigas de su antecesora Violante de Bar; aunque mayor gravedad revistieron las pretensiones al trono del conde de Foix (casado con una hija de Juan I), cuyas tropas entraron por el vizcondado de Castelbó y después de devastar la cuenca del Segre llegaron a poner sitio a Barbastro. Un ejército al frente del conde de Urgel obligó al de Foix a retirarse por Navarra hacia el Bearne.

Era necesaria la presencia de Martín I, por lo que decidió abandonar Sicilia. En el viaje de regreso, al hacer escala en Marsella, una embajada enviada por el papa Benedicto XIII, le instaba a una entrevista en Aviñón ante el nuevo giro que había tomado el Cisma de la Iglesia; el rey de Francia exigía la renuncia de los dos papas, lo que colocaba en postura difícil al pontífice aragonés. Una vez en Cataluña, Martín I se apresuró en dictar sentencia contra el conde de Foix. Poco después pasó a Zaragoza donde juró ante las Cortes de Aragón allí reunidas, paso previo a su coronación, que tuvo lugar el 13 de enero de 1399 en el acostumbrado marco de La Seo zaragozana.

Su actitud irresoluta y escasa energía como gobernante constituyen la nota dominante de su reinado. Los agudos problemas internos en que se hallaban inmersos los estados peninsulares de la Corona se acrecentaron a partir de 1402 por las luchas habidas entre diversas banderías. En Aragón luchaban los viejos linajes de los Luna y los Gurrea, apoyados por sus respectivas clientelas. Para poner fin a tan caótica situación, convocó en 1404, Cortes generales en Maella. Junto a diversas medidas de tipo fiscal relativas a cubrir las necesidades del reino de Aragón, se atendió a buscar remedios eficaces en pro de la paz pública. Se penalizaba a quien disparara ballestas, lombardas, etc., de no ser en defensa de su casa. De igual modo serían sujetos a juicio sumario quienes guerreasen entre sí, de no preceder desafío formal o tratarse de un caso previsto por fuero. Se ampliaban además las facultades del Justicia de Aragón respecto a los delitos cometidos por particulares. Entre los acuerdos tomados en Maella se incluía la petición por parte de los allí reunidos de que viniera de Sicilia Martín el Joven, cosa que hizo inmediatamente, pero las alarmantes noticias que llegaban de la isla, donde habían surgido nuevos brotes de rebelión, le obligaron a regresar a aquellos dominios.


Martín I estuvo atento a conjurar los peligros procedentes del litoral africano. Se organizó una cruzada a Berbería en 1397, pero una tempestad hizo fracasar la empresa. Las nuevas tentativas de la flota catalano-aragonesa en años inmediatos no consiguieron tampoco sus objetivos. En otro orden de cosas, fiel a su alianza con el papa de Aviñón, el monarca envió un contingente de tropas con el fin de romper el cerco impuesto por los franceses a Benedicto XIII, que pudo huir y refugiarse en los estados de la Corona aragonesa.

La cuestión siciliana fue el punto neurálgico en política exterior. A ello vino a sumarse la insurrección de Cerdeña, alentada por los genoveses y el vizconde de Narbona. En 1406 Martín I reunió las Cortes catalanas en Perpiñán, luego trasladadas a San Cugat del Vallés y posteriormente a Barcelona. A pesar de la actitud remisa del monarca, se impuso el criterio de la asamblea y fue enviada a Cerdeña una flota de 150 naves. A ella se unieron los efectivos enviados por Martín de Sicilia, que derrotaron a la escuadra genovesa por mar, completando su triunfo en tierra contra los sardos y el vizconde de Narbona en la batalla de Sant Luri. Poco después, el 25 de julio de 1409, moría Martín el Joven sin descendencia legítima, legando a su padre el reino de Sicilia y los ducados de Atenas y Neopatria.

Se hacía patente el grave problema sucesorio que se cernía sobre la Corona de Aragón, sobre la que acechaban ya diversos pretendientes. Viudo Martín I de María de Luna desde 1406, sus consejeros le sugirieron un nuevo matrimonio para asegurar su descendencia, pero su enlace con Margarita de Prades, efectuado en septiembre de 1409, no consiguió aquel objetivo. Pocos meses después, el 31 de mayo de 1410, murió en Barcelona, el monarca sin haber designado sucesor, dejando el reino a merced de los diversos presuntos herederos.


Martín I ha pasado a la historia con el apelativo de el Humano. Al igual que su hermano y antecesor, fue víctima de su propia debilidad física y de las desgracias familiares. Los cronistas destacan su perfil humano, su inteligencia, su piedad, así como su amor por la cultura y su afición por los autores clásicos. No obstante, junto a sus virtudes se perfilan una serie de rasgos negativos como gobernante. La falta de energía, que arrastró consigo hasta sus últimos días, se plasma en su irresolución ante el grave problema sucesorio que dejó como herencia a los estados de la Corona aragonesa.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

HISTORIA DE LAS CALLES DE VALENCIA: Periodista Azzati

Es ésta una calle recta, amplia, luminosa y proyectada hacia la parte Oriental de la ciudad, junto a una transversal, más estrecha y algo más larga, que lleva por rótulo Arzobispo Mayoral, constituyen dos de las vías más representativas del Barrio de San Francisco o de Sant Francesc. Nombre que recibe con todo derecho, por ocupar gran parte del solar del antiguo Convento de San Francisco.

El trazado que se extiende, en la actualidad, entre la Plaza del Ayuntamiento en su confluencia con la Avenida Marqués de Sotelo y la calle de San Vicente Mártir, tiene su origen en tiempos remotos, aunque con un trazado más estrecho y algo más corto, pues no comenzaba en la hoy Plaza del Ayuntamiento, sino a una encrucijada de callejuelas, que desaparecieron en las reformas de principios del siglo XX.


En esta calle que con el nombre de Periodista Azzati, ya aparece en 1931, existían sobre parte del actual trayecto dos calles paralelas: la de Culla y la de Juan Lorenzo, antiguamente llamada de la Llonganisa (longaniza). En medio de ellas había una manzana alargada de casas, que fue derribada, originando así una sola calle más amplia. Al continuar las reformas urbanas del interior de la ciudad, la piqueta hizo su labor demoliendo el Convento de San Francisco, dando lugar a la apertura de la nueva calle con el trazado actual.

Pero volviendo, por un instante a la calle de Culla, decir que llevaba este nombre por haber habitado en ella, la familia de apellido Culla. En cuanto a la paralela, la de Juan Lorenzo, recibió este rótulo en recuerdo de un célebre líder de la guerra de las Germanías. Por lo que respecta al nombre de la Llonganisa se le dio por su estrechez.


Así pues esta calle se rotuló como Periodista Azzati, al ser dedicada a Félix Azzati Descalzi, que había nacido en Cádiz en 1874 y falleció en Valencia en 1929. Además de periodista fue político, y sucedió a Blasco Ibáñez en la dirección del periódico El Pueblo, sucediéndole también en la jefatura del partido republicano.


Al acabar la guerra civil, en 1940, le fue dedicada a un valenciano con el rótulo de Falangista Esteve, que había sido jefe provincial de Falange Española, siendo víctima de aquella contienda. En 1979, según acuerdo municipal, se volvió a rotular la calle con su nombre original, Periodista Azzati.

En 1931, solamente existía edificado el flanco derecho de la calle, con la fachada lateral de la antigua iglesia de Santa Rosa de Lima, capilla que, incluida en el recinto del Ayuntamiento de Valencia, quedó dividida en dos cuerpos. En la parte superior de dicha iglesia hay que resaltar, que la bóveda quedó como techumbre, conservándose las pinturas de José Vergara y las dos tallas policromadas de San Andrés Apóstol y Santo Tomás de Villanueva, realizadas por Ignacio Vergara, hermano del anterior. Todo este cuerpo de la iglesia se articula con la fachada lateral izquierda de la nueva edificación del Ayuntamiento de Valencia.



En cuanto a la parte izquierda de la calle Periodista Azzati, cabe destacar el edificio que hace esquina con la Avenida del Marqués de Sotelo, que fue construido en el año 1930. Sobre el frontispicio de su remate, dominando el chaflán se alza la enorme figura de un león desafiante, cincelado en bronce. Este edificio es conocido en Valencia, como del Banco Vitalicio de España. Siguen a continuación, edificios propios de la década de 1930, ideados por celebres arquitectos, que siguen la línea arquitectónica del Racionalismo.

TUNELES DE TOLEDO: Viejo Sismógrafo

Humedad y frío nos acompañaron una tarde de febrero en la visita a este espacio que hace tiempo fue ocupado por un sismógrafo. Ahora abandonado, conserva el encanto de una vieja cueva. Evitaremos en este caso desvelar su ubicación, aunque muchos toledanos la conozcan.


martes, 26 de diciembre de 2017

HISTORIA DE LAS CALLES DE VALENCIA: Avenida Marqués de Sotelo

En el ya mencionado plano de Valencia del Padre Tosca, ya se puede apreciar una primitiva callejuela que se llamó Nueva de Pescadores, con el tiempo pasó a llamarse de Amalio Gimeno, y por último Marqués de Sotelo. Discurría esta calle, desde la plaza de San Francisco hacia la muralla, en dirección Sur. Parte del trazado actual estaba ocupado por los pabellones de lo que fue Colegio de San Pablo y Seminario de Nobles de San Ignacio.


Al proyectar la nueva avenida, hubo que derribar parte de aquello pabellones, quedando todavía una gran parte del solar, que fue ocupado por el actual Instituto de Enseñanza Secundaria Luis Vives. Otros de esos pabellones también fueron derribados para colocar el tendido férreo, que partía de la antigua Estación del Norte.

Toda esta innovación urbanística formaba parte del proyecto de ensanche de los solares de la antigua plaza de San Francisco. Esta prolongación, da una amplia perspectiva hacia la actual estación. El resultado de esta amplia avenida, requería darle un rótulo acorde a su amplitud. Fue entonces cuando se pensó dedicarla al que fue Ministro de Instrucción Pública, Amalio Gimeno, médico y político, nacido en Cartagena en 1852. Con el mismo trazado a llegado hasta nuestros días, aunque ya dedicada al Marqués de Sotelo, el famoso alcalde de Valencia de los años veinte, autor de las más importantes reformas del interior de la ciudad, por lo que se llamó “el alcalde de la picola”. Tan solo perdió este nombre, durante los años 1936 a 1939, en que se la llamó de Salmerón.


El Marqués de Sotelo fue don Carlos Sousa y Álvarez, que había nacido en la casa, hoy señalada con el número 20, de Roteros el 16 de noviembre de 1862, cuya memoria se conserva en una lápida esculpida con su efigie y colocada sobre la fachada de dicha finca, levantada sobre el solar del que fuera su antiguo palacete. Fue nombrado alcalde de Valencia el 25 de enero de 1927, permaneciendo en el cargo hasta el 24 de febrero de 1930. Como una pequeña muestra de sus reformas urbanas reseñaremos la pavimentación de las calles, la urbanización de la Avenida Victoria Eugenia, hoy del Reino de Valencia, la reforma de la actual Plaza del Ayuntamiento cuando aún era conocida como de Emilio Castelar, la desaparición de la Bajada de San Francisco y la Plaza de Cajeros, al mismo tiempo que abría la Avenida de María Cristina. No nos olvidaremos que, durante su mandato, fueron acabadas las obras del nuevo Ayuntamiento, obras que habían comenzado años antes.


La Avenida del Marqués de Sotelo, disfruta en ambos lados de los más suntuosos edificios de la Valencia de principios del siglo XX, tales como el de la Unión y el Fénix, obra del arquitecto Enrique Viedma Vidal, cuyas fachadas recaen a esta avenida y a la calle Xátiva, y en el que destaca el remate en templete de columnas exentas, que sostienen una cúpula sobre la que aparece un grupo escultórico, consistente en la figura de un hombre que cabalga sobre una inmensa águila con las alas desplegadas; el antiguo Instituto Nacional de Previsión, conocido por los valencianos como “La Casa del Chavo”, también de estilo casticista, como el anterior, y del mismo arquitecto Viedma; el Banco Vitalicio rematado por la impresionante figura de un león; entre ambos edificios se levantó el del Gran Teatro, en los solares del que fue Convento de la Orden Religiosa de Agustinas Recoletas, titulado de “La Presentación”, que mas tarde fue habilitado como Cine Rex, que fue derribado en 1993.


Pero entre todos estos edificios destaca, como exponente de una construcción de los siglos XVII y XVIII, el Instituto Luis Vives, antiguo Colegio de San Pablo de los Jesuitas. Construido en los solares adquiridos por los jesuitas en 1550, gracias a la ayuda del entonces arzobispo de Valencia, Santo Domingo de Villanueva, y con la aportación del rico comerciante Jerónimo Doménech, edificaron el Colegio de San Pablo para impartir estudios teológicos. En el año 1664 con los bienes de Bárbara Pérez de San Vicente, se fundó aquí mismo el Seminario de Nobles de San Ignacio.

Tras diversos avatares, por Decreto del Gobierno Provisional de 9 de febrero de 1869, ese mismo año, el Instituto de Segunda Enseñanza de Valencia, ocupó el Real Colegio de San Pablo, siendo director del mismo don Vicente Boix y Recarte.



Con todo lo expuesto, se puede apreciar que las reformas interiores realizadas en este sector del antiguo Barri de Sant Francesc, han motivado una nueva fisonomía urbanística de la zona más representativa de la Valencia de principios del siglo XX, y, muy especialmente, durante la alcaldía de don Carlos Sousa y Álvarez, marqués de Sotelo, que falleció el 23 de mayo de 1937.

LOS REINOS DE TAIFAS-La Taifa de Ronda

El reino de Taifa de Ronda fue uno más de los pequeños estados que se crearon al albur de los acontecimientos. Fue fundado hacia 1039 por guerreros bereberes magrebíes, pertenecientes a la cabila de los Yafraníes de la tribu Zanata, que habían llegado a al-Andalus en 958/9 para integrarse en los ejércitos de Almanzor. Durante la guerra civil actuaron como una banda guerrera y apoyaron al califa Sulayman al-Mustaín. Como otros grupos armados bereberes, los yafraníes buscaron un territorio donde asentarse, y lo consiguieron bajo el mandato de Abú Nur Hilal, que logró dominar la región de Takurunna (Ronda).
Abú Nur Hilal ben Abi Qurra al-Yafrani (1ª vez),  había participado en los conflictos de otros reinos de taifas y reconocido a los califas hammudíes. Se declaró independiente hacia 1039 o 1040 tras la muerte del califa malagueño Idris al-Mutaayyad. Al principio de su reinado había tenido relaciones de amistad con al-Mutadid, régulo de Sevilla, y había reconocido al falso califa Hisham II; hasta que el sevillano decidió, en 1053, hacerse con su reino y con los de Morón y Arcos. Para ello, urdió la estratagema de invitar a Sevilla a sus respectivos régulos y a sus correspondientes séquitos para asistir a una festividad familiar. Los recibió con gran pompa, pero luego mandó encerrarlos a todos. Abú Nur estuvo prisionero durante cuatro años.

Badis ben Hilal, era hijo de Abú Nur Hilal y tomó el poder al estar su padre prisionero en Sevilla. Su reinado se caracterizó por su extrema crueldad acompañada de medidas abusivas y arbitrarias contra sus súbditos. Badis ben Hilal fue lo suficientemente hábil para resistir las estratagemas y presiones del régulo de Sevilla durante cuatro años. En 1057, Abú Nur, después de ser liberado, regresó a Ronda y recuperó el trono tras deponer a su hijo Badis, al que mando ejecutar por traición.
Abú Nur Hilal ben Abi Qurra al-Yafrani (2ª vez), fue puesto en libertad por al-Mutadid, después de cuatro años de cautiverio, a pesar de haber reconocido al califa malagueño Idris al-Mutaayyad y de haberse apartado del falso Hisham II. Poco después de regresar a Ronda, de haber recuperado el trono y ejecutado a su hijo Badis, murió dejando como heredero a su hijo Abú Nasr Futuh.

Abú Nasr Futuh, sucedió a su padre Abú Nur. Era un hombre justo y benévolo con sus súbditos y con los miembros de la familia real, pero era poco inclinado a la vida militar y mucho a la bebida y a la pereza. Estuvo sometido durante todo su reinado a una enorme presión ejercida por al-Mutadid de Sevilla en su afán expansionista. En 1065, el sevillano tramó una conspiración con Abú Yaqub, uno de los guardianes de la alcazaba, para asesinarle y hacerse con el reino de Ronda. Durante el asedio que los cómplices de Yaqub realizaron a la alcazaba, Abú Nasr murió cuando cayó desde lo alto de una de sus torres. Así, al-Mutadid de Sevilla pudo anexionarse el reino de taifa de Ronda.

sábado, 23 de diciembre de 2017

HISTORIA DE LAS CALLES DE VALENCIA: Plaza del Ayuntamiento

La actual plaza del Ayuntamiento, se originó al derribarse el Convento de San Francisco en 1891. Ya en 1805 se había derribado, sin permiso de los monjes, la tapia del huerto del convento, en lo que se considera un intento de reforma urbana en esta parte de la ciudad. La intención era abrir un paso entre las actuales calles de la Sangre y de las Barcas sin necesidad de dar un rodeo a todo el convento que prácticamente ocupaba toda la plaza.
En 1239 Jaime I el Conquistador concede permiso a los franciscanos para construir un monasterio extramuros de la ciudad, justo donde hoy se encuentra nuestra plaza. En 1835 con la desamortización de Mendizábal los monjes tienen que abandonar el convento, pasando a convertirse en Cuartel de Caballería. Por la situación de deterioro y por razones urbanísticas, en 1891 es derribado el convento, dejando en su lugar un gran solar que será el origen de la futura Plaza del Ayuntamiento de Valencia.  En este gran espacio se quiso hacer un gran parque y aunque se plantaron diversos arboles, jardines y setos, a la larga no prosperaría, y el lugar conocido como Parque de San Francisco se convertiría en un espacio donde se instalaba la feria de Navidad, teatros ambulantes, o espectáculos circenses. 
Aunque la plaza adopta una forma triangular, sus cuatro fachadas vamos a orientar de la siguiente manera, para una mejor comprensión por el lector: la fachada Oeste sería la que ocupa el Ayuntamiento, mientras que la fachada Este la ocuparía el Edificio de Correos (antigua calle Sagrario de San Francisco y el Barrio de Pescadores); por su lado Norte se cerraría por el edificio de Generali o lo que es lo mismo la calle San Vicente, y por el Sur nos encontraríamos con el Edificio de Balanzá y Telefónica. 
En 1854 el Ayuntamiento de la ciudad se había trasladado desde su antigua ubicación en los actuales jardines del Palacio de la Generalitat hasta el lugar donde hoy día se encuentra, un establecimiento conocido como la Casa de la Enseñanza, y que había sido construido en el siglo XVII por el Arzobispo Mayoral para colegio de niñas. Aunque el traslado en principio fue provisional a la larga la permanencia en el edificio se hizo definitiva y así en 1899 se hizo con la propiedad. En 1904 se comenzó la reforma de la antigua Casa de Enseñanza para convertirla en Ayuntamiento con la fisonomía que hoy podemos observar. A partir de este momento se empezó a gestar en la mente de nuestras autoridades municipales la construcción de una gran plaza y a la vez centro comercial y administrativo acorde a la importancia que la definitiva ubicación del Ayuntamiento de la ciudad requería. 

Para la construcción de esta gran plaza se seguirían diversos criterios: uno de ellos fue la demolición del conocido como Barrio de Pescadores que se encontraba en el lugar aproximado donde hoy se localiza el edificio de Correos, el barrio fue demolido en 1907, sus límites lo marcaban la actual plaza del ayuntamiento, la calle Lauria, la calle Pascual y Genis y la calle Barcas. Otro elemento a destacar fue el traslado de la antigua Estación de ferrocarril en 1917 desde su antiguo emplazamiento en el lugar que hoy ocupa el edificio de Telefónica hasta su actual emplazamiento en la calle Játiva. 
El proyecto de la nueva plaza fue proyectado hacia 1927 por el arquitecto municipal Javier Goerlich Lleó. Esta ordenación de la gran plaza que tenía su origen en los solares del antiguo convento, tuvo como ejes principales, en su lado norte, el derribo de los edificios que formaban la conocida con Bajada de San Francisco, que en realidad era una calle que desembocaba en la conocida como Plaza de San Francisco que era como se le conocía en aquella época. El nombre de Bajada de San Francisco le venía porque la calle hacia pendiente en dirección a la plaza. Era una calle que corría paralela, aproximadamente, entre donde hoy día se encuentra el Pasaje Ripalda en la calle San Vicente y la calle Barcelonina. Se trataba de una calle con edificios antiguos pero al mismo tiempo con muchos comercios, restaurantes, fondas y hoteles de larga tradición. Esta vía ponía en comunicación la calle San Vicente Mártir con la entonces plaza de San Francisco. El nombre de esta calle era conocida "Devallada de Sant Francesch" al menos desde 1663. 
Aunque un poco fuera de los límites de la Bajada de San Francisco, encontrábamos uno de los establecimientos con más solera y más larga tradición de la zona, era el Hotel España, más conocido como Fonda España, situado en la plaza del Ayuntamiento esquina calle Barcas. Sobre su solar hoy se levanta un moderno y horrible edificio metálico. La Fonda España había sido inaugurada en 1899 con el nombre de Hotel Universal y cayó víctima de la piqueta en 1961. Aunque sigue siendo, actualmente, un icono arquitectónico desaparecido de la plaza del Ayuntamiento. 
Otro espacio para la apertura de la nueva plaza, consistió en la desaparición de la conocida como plaza de los Cajeros (dels Caixers) que vendría a estar aproximadamente en el lugar que hoy ocupa el espacio comprendido entre la calle San Vicente, la Avenida de María Cristina y la propia plaza del Ayuntamiento. Tal vez nos sirva como punto de referencia el Pasaje Ripalda que se encontraba y se encuentra en el citado espacio. Además se derribó el Palacio del Marqués de Jura Real (entre las calles Cotanda y en LLop) y la desaparición de las calles Culla y Juan Lorenzo que permitió la apertura de la actual calle de Periodista Azzati. De la unión de estos tres espacios, el Parque de San Francisco, la Bajada de San Francisco y la Plaza dels Caixers surgiría el amplio espacio que hoy ocupa la actual Plaza del Ayuntamiento y que adopta una cierta forma triangular. Todas estas actuaciones fueron realizadas entre 1927 y 1933 por los diversos alcaldes de la ciudad, pero destacando sobre todos ellos la figura de Carlos Sousa Álvarez de Toledo, Marqués de Sotelo, que sería alcalde durante el periodo de 1927 a 1930.

El Marqués de Sotelo fue el gran impulsor de la creación de esta nueva plaza, para lo cual fomentaría la construcción de diversos edificios monumentales y creación de grandes comercios de grandes terratenientes valencianos. Aunque justo es reconocer que ya desde principios del siglo XX la construcción de edificios había comenzado, pero sería en el corto espacio entre 1927 y 1936 cuando se completaría el conjunto de edificios que envuelve el perímetro de la actual plaza del Ayuntamiento. Entre los establecimientos hoy desaparecidos pero que se situaban en esta peculiar calle-bajada de San Francisco podíamos encontrar: el Mesón de San Antonio reconvertido en Hotel Valencia, la Hospedería La Esmeralda, la Relojería de Eugenio Carbonell, el Café España, y el Café Suizo. Conviene recordar, que la actual plaza del Ayuntamiento con los edificios que forman su entorno está declarado Conjunto Histórico Artístico. 
Otro punto a destacar son los diversos nombres que ha tenido la plaza, tal vez el que más fortuna ha tenido, haya sido el original por el que siempre ha sido conocida: Plaza de San Francisco. Desde 1423 se tiene constancia del nombre de Plaza de San Francisco hasta que en 1840 cambia su nombre por el de General Espartero. En 1843 vuelve a cambiar de nombre por el de Isabel II y en 1868 por el de Plaza de la Libertad. En 1874 vuelve a recuperar su nombre de plaza de San Francisco para volverlo a perder en 1899 en que pasa a llamarse de Emilio Castelar que había sido Presidente de la I República Española. Este nombre tuvo bastante aceptación pero al finalizar la Guerra Civil en 1939 perdió su nombre para llamarse plaza del Caudillo. Este nombre perduraría hasta la finalización de la dictadura y así en 1979 pasó a llamarse plaza del País Valenciano, nombre efímero que no llegó a cuajar entre la población. En 1987 se volvió a cambiar su rótulo está vez parece ser que con carácter definitivo por el de plaza del Ayuntamiento nombre que ostenta en la actualidad.
En cuanto al embellecimiento de la plaza podemos encuadrarla en tres aspectos generales: en el entorno urbanístico de la plaza con la construcción de grandes edificios, la instalación de diversos elementos decorativos y funcionales como son fuentes, esculturas y un mercado de venta de flores que con diversas características aún perdura. Y un tercer elemento muy importante la propia reforma interior de la plaza con el fin de darle un uso apropiado a la envergadura del entorno y la importancia de la plaza. 

En 1903 se colocó en la plaza la estatua del Pintor Ribera que fue trasladada desde su emplazamiento frente al Palacio del Temple donde se encontraba desde 1888. En 1931 fue retirada y vuelta a colocar en la plaza de Teodoro Llorente junto al Palacio del Temple donde hoy continua. La escultura se encontraba aproximadamente a la altura de la actual escultura dedicada a Francesc de Vinatea. 
En 1909 el Ayuntamiento decidió la colocación en el centro de la plaza de una gran fuente dedicada al Marqués de Campo, la conocida como fuente del Marqués de Campo que hoy día se encuentra en los jardines de la Gran Vía Marqués del Turia con Plaza Cánovas del Castillo. La misma fue retirada en 1933 a consecuencia de las obras de remodelación de la plaza que el arquitecto municipal Javier Goerlich Lleó iba a llevar a cabo en el centro de la plaza. 
El 6 de junio de 1924 se inauguraron diversos puestos de venta de flores conocidos como de estilo japonés por tener sus tejados con un cierto aire oriental. Las bases sin embargo se adornaban con paneles de cerámica de Manises. Los puestos de flores venían de la antigua Plaza de la Pelota hoy conocida como de Mariano Benlliure. 
El 1 de abril de 1964 se colocó la estatua de Francisco Franco obra del escultor valenciano José Capuz Mamano, para celebrar los 25 años de finalización de la guerra civil, siendo retirada en 1983 y en su lugar colocada en 1993 una escultura dedicada a Francesc de Vinatea que es la que permanece hoy día en la plaza. 
En 1962 se colocó una gran fuente circular a la altura de la calle de las Barcas, que junto con la estatua de Francesc de Vinatea que ya hemos mencionado son los dos únicos elementos decorativos que tenemos en la plaza en la actualidad. 
En cuando al tercer elemento de importancia que hemos citado; es la reforma de la propia plaza y la creación del Mercado de Flores subterráneo. La reforma fue encomendada a Javier Goerlich Lleó entonces arquitecto municipal y que además también se había encargado de muchos de los edificios que se levantan en la plaza. El Mercado de Flores subterráneo fue inaugurado el 28 de enero de 1933 coincidiendo con el 5º aniversario de la muerte de Vicente Blasco Ibáñez, aunque las obras en superficie aún tardarían bastante tiempo en ser finalizadas. La reforma efectuada entre 1927 y 1933 consistió en elevar cerca de cuatro metros el centro de la plaza, y realizar un espacio subterráneo en donde se instalaron los puestos de flores que hasta entonces estaban en la superficie. Se colocó en el subterráneo una fuente para dotar de agua potable a las floristas, fuente que hoy día se encuentra en el Paseo del Llano de la Zaidia. Este espacio sobreelevado era conocido como la tortada y a él se accedía mediante unas escalinatas que rodeaban todo el perímetro sobreelevado. Sobre la plataforma tres grandes fuentes, una por cada una de las provincias que formaban la entonces llamada Región Valenciana. Un gran óculo central rodeado por una balaustrada se abría al interior del subterráneo y permitía la aireación y la luminosidad del mismo. 


Esta reforma muy criticada y también muy alabada por otros fue eliminada en 1961, dejando en su lugar un gran espacio central vacío que en la actualidad es utilizado básicamente para la colocación de las mascletás en tiempos de fallas. La reforma de este gran espacio central hoy totalmente desaprovechado es tal vez una de las asignaturas pendientes que tiene la plaza. Los puestos de flores que se encontraban en el subterráneo volvieron a la superficie y en época reciente se les ha dotado de unas nuevas estructuras para la venta de flores siguiendo un plan pre-establecido de compra de mobiliario urbano para toda la ciudad de Valencia. 

IGNACIO PINAZO CAMARLENCH: Ignacio hijo del artista de perfil

Realizado en 1890. Óleo sobre lienzo, de 54 X 48 cm. El tema infantil ocupa un lugar significativo en la obra de Ignacio Pinazo, sie...