miércoles, 23 de agosto de 2017

RETRATO DE JOAQUIN SOROLLA de Manuel Benedito Vives

Óleo sobre lienzo, de 100 x 76 cm. Museo de la Ciudad. Valencia.

Fiat C.R. 42

El caza italiano FIAT CR.42 FALCO, fue un gran avance en la tecnología del biplano, llevo la idea de las dos alas tan lejos como podían llegar. Se le consideraba un avión muy ágil, pero nada mas, era mas lento, peor armado e incapaz de escapar de un enemigo que no cometiera el error de envolverse en la pelea con el. El diseño era sensato, el avión era un sesquiplano, con un moderno cowling, hecho de aluminio y metal, solo las partes móviles estaban aun hechas de tela, el motor era el mas potente que Italia podía producir, su armamento de solo dos ametralladoras no era lo suficientemente potente, además carecía de radio, a pesar de ello, se le considera el mejor biplano en la historia.
            Se produjeron varias versiones: CR 42 bis con ametralladoras de 12.7 mm, CR 42AE Caza tropicalizado, CR 42 CN Caza nocturna, CR 42 Egeo, con un tanque extra dentro del fuselaje, CR 42 ICR Versión con flotadores (solo se produjo uno), CR 42RF Reconocimiento fotográfico, CR 42R para remolcar blancos, C.R. 42 LW, versión COIN de la Luftwaffe, CR 42B biplazas de entrenamiento, CR 42DB, versión remotorizada con un Daimler Benz 601, fue el mas rápido biplano de la historia, pero el concepto era inútil, los estudios sirvieron para el Fiat G-55 Centauro, CR42 ter con dos ametralladoras en blísteres bajo las alas, además hubo una versión no oficial, el Cr 42 "Bombe Alari", modificaciones de campo para que los aviones pudiesen llevar bombas y un CR 42 EC Con dispensadores de fumígenos bajo las alas.

            El estamento aeronáutico italiano había cambiado su forma de pensar, en los veinte y treinta habían experimentado todo, buscando nuevas tecnologías y adaptándolas a diseños sensatos y claros, además se habían beneficiado de la experiencia en combate, muchos de ellos habian ido a la Guerra Civil Española y a la guerra con Etiopía, sabían que el mundo estaba cambiando, los rápidos monoplanos habían aparecido en los cielos españoles y habían vuelto obsoleto al venerable biplano, era algo que no todos habían visto, muchos de los mandos eran conservadores, dispuestos a continuar una vieja fórmula, aunque no funcionara, si bien por una parte la Regia Aeronáutica Italiana había comenzado el diseño de cazas monoplanos como el Fiat G-50 y el MC. 200, mientras que al tiempo un grupo de oficiales decidió seguir con la línea evolutiva de los biplanos, en pleno 1939 se decidió reemplazar el viejo Cr 32 con una versión perfeccionado y con motor a estrella, el Fiat Cr 42 Falco.
            El que Italia se lanzara por este camino parecía una verdadera locura, y lo fue, una de las razones por las que Italia perdió la guerra fue porque lo mejor de sus pilotos veteranos, fue lanzada al combate contra aviones más modernos, rápidos y mejor armados, con solo la esperanza de que el enemigo cometiera errores básicos al enfrentarlos, peleando denodadamente en Grecia, Inglaterra, Francia, Malta, África del Norte, África Oriental, y el frente ruso, el caza peleaba bien cuando se enfrentaba a viejos Gladiators, pero sufrió mucho a manos de los modernos cazas británicos.

            Los primeros aparatos en entrar en combate, fueron los pertenecientes a la Fuerza Aérea Belga, que pelearon en defensa de su territorio inmediatamente después de la invasión alemana, en un principio lograron un éxito moderado, aunque casi todos fueron destruidos en tierra por los aviones alemanes, los sobrevivientes fueron evacuados a Francia, donde finalmente fueron capturados. Suecia compró tambien bastantes de ellos, pero no entraron en combate, en cambio los aparatos húngaros participaron en la operación Barbarroja, principalmente como aviones de ataque al suelo.
            El caza estaba estandarizado en la Regia Aeronáutica al inicio de la guerra, desde el primer dia participo en combates, los aviones basados en Africa Oriental Italiana, participaron en la ocupación de Somalia Inglesa, destruyendo los aviones de la RAF con base en el territorio, hasta finales de 1941 se batieron bien contra ingleses y sudafricanos, el Cr-42 podía ser desmontado y ser enviado hasta Somalia en un transporte SM82, de esta forma se pudieron reemplazar las unidades perdidas. Hubo grandes combates, el teniente Mario Visintini de la 412 Squadriglia logro 16 derribos en la campaña, contra los Wellesleys y los Gladiators del 1er escuadrón de la SAAF, fue en este teatro de operaciones donde el Cr 42 logro los mayores éxitos de su carrera, hasta la llegada de nuevos Hurricane, que junto a una intensa ofensiva terrestre, conquisto la totalidad de la colonia italiana.

            En el norte de Africa, el comienzo tambien fue afortunado, los británicos solo tenían viejos Gladiators, los combates aéreos fueron feroces, en el frente habia cuatro Stormos, y gozaban de una cómoda superioridad contra la RAF, concentrada en la Batalla de Inglaterra, tambien fue el frente en que mas perdidas sufrieron, agravadas con la llegada de Hurricane y P-40 modernos y con pilotos que habian sido advertidos de no mezclarse en pelea de perros con el ágil biplano, los Falcos eran atacados desde la altura, picando a toda velocidad y zafándose para hacer otra pasada, de esa forma poco elegante se diezmaron las unidades italianas. En el frente griego, tambien se gozaba de superioridad, ahí el enemigo eran inexpertos pilotos equipados con PZL 24, que supieron defenderse, pero sufriendo grandes bajas, la llegada de la RAF provoco un cambio y el Cr.42 enfrento a sus viejos enemigos del desierto, los Gladiators.
            De una forma u otra, fue el caza italiano que mas se fabricó, en el momento del armisticio aun habia 60 en condiciones de vuelo, aunque volarlos en combate aéreo en 1943 era cuestión de suicidio, la rendición de Italia no fue el fin del Fiat Cr 42, los aparatos abandonados fueron inmediatamente capturados, en Albania y Yugoeslavia, por los partisanos, en Italia y el norte de Grecia, por los alemanes, fueron estos últimos los que los llevaron a los últimos combates, durante la campaña rusa, habian sido hostigados por viejos Po-2, que volando bajo de noche, podían causar mucho daño psicológico, y alguna que otra destrucción, copiando el concepto ruso, se agruparon los Cr.42 en unidades de ataque nocturno, llamadas Nachtschlachtgruppe (NSGr.) y empleadas en el frente, otros Falco fueron asignados a unidades contra partisanos, que siguieron peleando hasta 1944, unos cuantos aparatos lograron sobrevivir a la guerra y fueron usados en la posguerra por la Aviación Militar Italiana (AMI) para entrenamiento. 


CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS
País de origen: Italia 
Tipo: Caza biplano 
Motor: Fiat A.74 R1C 38 radial de 840 hp (627 kW) 
Velocidad máxima: 441 km/h a 6.000m
Ascenso: 6.000 m en 9 minutos
Techo de servicio: 10.100 m
Autonomía: 780 Km. 
Peso: 1.784 Kg. En vacío; 2.295 Kg máximo al despegue. 
Envergadura: 9,70 m
Longitud: 8,26 m
Altura 3.05 m
Área alar: 22,40m2 

Armamento: Dos ametralladoras de 12,7 mm Breda SAFAT en el morro. 

JOSÉ CANALEJAS MÉNDEZ

               
Había nacido en El Ferrol, el 31 de julio de 1854. Este abogado madrileño se dedicó a la política, pues había fracasado en las oposiciones a catedrático de universidad. Procedente del Partido Demócrata Progresista, al producirse la Restauración borbónica se incorporó al Partido Liberal de Sagasta, desde el cual fue ocupando cargos políticos de importancia: diputado desde 1881, subsecretario de la Presidencia en 1883, ministro de Fomento en 1888, de Gracia y Justicia en 1888-1890, de Hacienda en 1894-1895 y de Agricultura, Industria y Comercio en 1902; desde ese último departamento impulsó la creación del Instituto del Trabajo.

            A raíz de la Guerra de Cuba, que puso fin al dominio español en las Antillas, Canalejas empezó sus ataques contra el líder y fundador del partido, destacándose como cabeza de una corriente izquierdista que defendía ideas democráticas y anticlericales. Consiguiendo, en 1910, unificar las diversas corrientes que pululaban en el interior del liberalismo, aupándose a la Presidencia del Consejo de Ministros. Durante más de dos años y medio en el gobierno, impulsó un programa de reformas: abolió la Contribución de Consumos, estableció el servicio militar obligatorio y limitó la instalación de órdenes religiosas. El ascenso al poder de Canalejas representaba otra oportunidad de afrontar la "revolución desde arriba", en clave liberal, una vez que había fracasado el intento maurista de etiqueta conservadora, una empresa ardua por los viejos problemas derivados del anticlericalismo, del regionalismo, de la ineficacia administrativa, de la incapacidad militar, del conflicto marroquí y de la lucha obrera.

            Consiguió imponer su autoridad, en las filas de un liberalismo en las que habían desaparecido o iban perdiendo sus posiciones, los notables de la generación anterior, hombres como: Vega de Armijo, López Domínguez, Moret, Montero Ríos, etc, y se dispuso a abordar los temas pendientes. Manifestó a la Santa Sede su intención de reducir las instituciones religiosas en España. Pero su propósito de llegar a la total separación de la Iglesia y el estado de forma negociada,  encontró una fuerte oposición, tanto en círculos vaticanos como entre los clericales españoles, los cuales desarrollaron una intensa campaña contra la política gubernamental en el verano de 1910. Canalejas promulgó, en diciembre, la llamada “Ley del candado”, prohibiendo durante dos años la instalación de nuevas órdenes y congregaciones religiosas, si no contaban con autorización previa. Al cabo de este tiempo se preveía la publicación de una nueva Ley de Asociaciones.


            Además de ésta, las mayores preocupaciones de Canalejas se manifestaron en diversos aspectos de la política social. Su rechazo del impuesto de consumos y la nueva Ley de Reclutamiento Militar, que intentaba poner límites al sistema de redenciones en metálico, conectaban estrechamente con el sentir popular. No obstante, se encontró con un recrudecimiento de las tensiones socio-laborales, particularmente intenso en Asturias, Barcelona, Madrid, Valencia y Vizcaya. En materia de orden público, hubo de emplear la fuerza para reprimir el intento de sublevación republicana de 1911 (motín del guardacostas Numancia y sucesos de Cullera) y la huelga ferroviaria de 1912. Pero no pudo realizar las esperadas reformas políticas que transformarían el régimen liberal en una verdadera democracia, acabando con el caciquismo y el fraude electoral.

            La ausencia de respaldo a su política reformista, quedó de manifiesto cuando quiso aplicar, no ya un proyecto de expropiación de tierras cultivadas o incultas con indemnización, que fue bloqueado, sino algunas normas laborales emanadas durante su mandato, como la prohibición del trabajo nocturno de la mujer y la limitación del horario laboral en las minas a nueve horas diarias y a 72 semanales en el sector textil, incluyendo el descanso dominical.

            Puso también camino al asunto del regionalismo, abordando posibles reformas para la administración catalana, pero apenas pudo avanzar en tema tan complicado, frente a las maniobras de algunos miembros de su propio partido, como era el caso de Romanones o Moret. En política exterior, visitó Marruecos con el rey Alfonso XIII en 1911 y ordenó la ocupación de Larache, Arcila y Alcazarquivir en respuesta a la ocupación francesa de Fez; las negociaciones que inició con los franceses conducirían, poco después de su muerte, al establecimiento de un protectorado conjunto en Marruecos.



            Canalejas fue asesinado por el anarquista, Manuel Pardiñas, cuando miraba el escaparate de una librería en la Puerta del Sol, el 12 de noviembre de 1912, abriéndose desde entonces una larga pugna por el liderazgo del Partido Liberal. El atentado ponía fin a su obra de reformas, a su esfuerzo regeneracionista, truncando definitivamente, tal vez, la última de las oportunidades de reconducir la nave de la Restauración. Desde entonces, la lucha política se centró en alcanzar el poder y no en su ejercicio para modernizar al país, para conectar con sus problemas y procurarles soluciones que a corto o largo plazo resultasen válidas.
Manuel Pardiñas

ALGECIRAS de España

A pesar de que había sido una de las más potentes marinas militares y comerciales del mundo, en el siglo XVIII había decaído mucho; este poderoso bajel de 100 cañones se agregó a la flota napoleónica y participó activamente en las operaciones navales contra los ingleses.
            El 21 de octubre de 1805, durante la histórica jornada de Trafalgar, al mando del contralmirante Magón, muerto en el combate, este gran barco español tuvo que soportar las andanadas del Aigle y rendirse. La mañana del día 22, la tripulación inglesa, que había capturado el barco, incapaz de gobernarlo, pidió ayuda a los 270 marineros encerrados en las bodegas. Éstos con su capitán a la cabeza, el teniente de bajel Labretonnière, aceptaron sacar adelante el buque a cambio de la libertad, y lo condujeron con gran fortuna al puerto de Cádiz, tras haber estado a punto de naufragar en los escollos varias veces.
Tipo: bajel de 3 puentes de segunda clase
Botadura: 1766
Eslora: 70,60 metros
Manga: 14,80 metros
Calado: 6,90 metros
Desplazamiento: 1.673 toneladas
Armamento: primera batería, 36 cañones de 42 libras; segunda batería, 28 cañones de 24 libras; tercera batería, 20 cañones de 18 libras; 16 piezas variadas

Tripulación: 712 hombres

martes, 22 de agosto de 2017

RETRATO DE GREGORIO MARAÑÓN de Manuel Benedito Vives

Óleo sobre lienzo, de 90 x 74 cm. Colección particular.

MARINA DE GUERRA DEL SIGLO XVIII: La pérdida de Manila

La pérdida de Manila, parece un caso menor si lo comparamos con la de La Habana. Pero el doble golpe estuvo a punto de significar una total quiebra.
Al fallecer el Capitán General de Filipinas, el mariscal de campo don Manuel de Arandia, recayó el cargo interinamente en el arzobispo de Manila, don Manuel Alonso Rojo, que resultó ser un mal gobernante en tiempos de guerra.
La guarnición de Manila se reducía a 550 hombres del Regimiento del Rey y 80 artilleros, que operaban con piezas anticuadas y de pequeño calibre. Las fuerzas navales se reducían a unas cuantas embarcaciones de remo y vela dedicadas a combatir a los piratas malayos. El pequeño arsenal de Cavite apenas bastaba para mantenerlas, y reparar el gran mercante que cada año ponía en comunicación las islas con Acapulco.
Arsenal de Cavite
Filipinas se daba por protegida, basándose en su aislamiento. De hecho declarada la guerra, nueve meses después no había llegado la noticia. Las condiciones eran ideales para que los ingleses dieran allí un buen golpe. Y mira por donde, en Cantón se reponía de la campaña de la India, el coronel William Draper, que recogió toda la información necesaria de las defensas de Manila, y preparó un plan de ataque, que fue aprobado por el Almirantazgo.
Coronel William Draper
En realidad se necesitaba poco para la empresa, con 14 buques, entre navíos, fragatas y transporte, con el Regimiento nº 79, un batallón de cipayos, indígenas, una compañía de artilleros, otra de ingenieros y varias de zapadores indígenas, se dirigieron a Manila, avistada el 22 de septiembre. La población ignorante de la declaración de guerra, pensó que era un convoy mercante.
Los ingleses pensaron en atacar primero Cavite, pero en vista de las circunstancias, cambiaron de planes dirigiéndose a la desprevenida ciudad. Propusieron su rendición, cosa que no fue aceptada, comenzando el desembarco bajo el fuego de las fragatas. Ante la completa desorganización de los defensores, se apoderaron del reducto del Polvorista y de las iglesias de San Juan, la Ermita y Santiago, que se encontraban extramuros. La noche del 24, 50 soldados europeos apoyados por 800 indígenas, al mando del oficial Fallet, suizo al servicio de España, intentaron desalojarlos, pero fue un rotundo fracaso.
Nueva exigencia de rendición y nuevo rechazo. En vista de lo cual, los ingleses comenzaron sus trabajos de aproche y bombardeo, utilizando piezas de a 24 libras, demoliendo pronto varios reductos. En la mañana del 27, espontáneamente, un gran número de filipinos atacó las trincheras inglesas, defendidas por los cipayos, sembrando la confusión, pero la rápida intervención de fuerzas regulares, restableció la situación.
Con la llegada de unos 2.000 milicianos de Pampanga, se planteó una nueva salida el 3 de octubre, contra la iglesia de Santiago y las trincheras de Malate y la Ermita, en un principio se consiguió tomar la iglesia, pero de nuevos las reservas británicas repelieron el ataque.
El constante bombardeo inglés consiguió, el día 4, abrir brecha en el baluarte de la Fundación. Se convocó a la junta de defensa, donde sorpresivamente, los militares votaron la capitulación, mientras que los civiles optaban por la defensa a ultranza. Mandaba la defensa de la brecha el suizo Fallet, pero al amanecer del día 5 el asalto inglés no encontró oposición. El arzobispo calló de rodillas ante los vencedores, que prometieron respetar la religión católica y a las leyes y autoridades locales, a cambio de la entrega de Cavite, de todas las armas y pertrechos y cuatro millones, a cambio de no destruir la ciudad, la cual ya había sido saqueada por los atacantes y los presos liberados.
Parecía que los ingleses se podían quedar con toda las isla de Luzón, cosa que se evitó gracias a don Simón de Anda y Salazar, un magistrado civil que no contaba con medios. Fue tal su celo y energía, que en poco tiempo organizó un ejército de 8.000 hombres y 600 caballos, armados solamente con armas blancas, pero con los que consiguió aislar Manila del interior, impidiendo el abastecimiento y sometiendo a los atacantes a una durísima guerra de guerrillas.
La ocupación inglesa quedaba reducida a la ciudad y al arsenal, aunque tenían el dominio del mar. Por una presa hecha en la bahía de Manila, se enteraron de que un rico mercante, el Filipino, llegaría al estrecho de San Bernardino. Para atraparlo enviaron el navío Panther y la fragata Argo. El 30 de octubre avistaron una vela que tomaron por el Filipino, pero este había burlado el cerco, en realidad se trataba del Santísima Trinidad, la nao que unía Filipinas con Acapulco, que había zarpado el 30 de agosto, pero desarbolado por una tempestad, había dado la vuelta.
Primero le atacó el Argo, pero el galeón, a pesar de ir casi desarmado para acoger más mercancías, se defendió tan bien, que tuvo que aproximarse el Panther con sus 60 cañones de 24 y 18 libras, el Santísima Trinidad resistió aun otras dos horas antes de rendirse, con 1.700 impactos de cañón en su casco.
Posiblemente el mayor tesoro del que se apoderaron los ingleses, fueron las cartas y documentación acumulada desde el siglo XVI sobre el Pacífico. Así se enteraron de la existencia del estrecho de Torres, redescubierto por Cook en 1770, cuando hacía mas de ciento cincuenta años que era conocido por los españoles.
Aun hicieron otra formidable presa, se trataba de la fragata Hermiona, que zarpó de Lima sin noticias de la guerra, y se topó el 31 de mayo de 1762 con dos buques ingleses en el cabo de San Vicente, a los que se rindió. Su comandante fue juzgado por no haber defendido la carga y el buque como su deber exigía, siendo degradado y condenado a prisión.


HMS VICTORY de Gran Bretaña

La “Abadía de Westminster de la Marina Real” como fue llamado el Victory, reposa hoy en el dique número 2 de Portsmouth.
            Planteado el 23 de julio de 1759 en el astillero Old Single de Chatham, el Victory era el quinto barco británico con ese nombre, el primero fue un mercante de 1560, desmantelado en 1608, y el segundo uno de los últimos galeones; en 1715 se le puso este nombre al ex Royal James, mientras en 1737 los astilleros ingleses botaban un bajel de primera clase con 110 cañones que naufragó siete años mas tarde. La construcción del último Victory fue larga y laboriosa, se prolongó desde 1759 a 1765. Vigas de olmo con una sección de medio metro de lado se utilizaron para la quilla, y para el armazón se empleó encina inglesa; el casco estaba constituido por una tablazón interna y por otra externa, formando un sólido muro de tres estratos. Cada estrato, de encina del Báltico hasta la línea de flotación, tenía un espesor de 12 centímetros.

            Durante trece años, este gran bajel permaneció desarmado, siendo necesarias numerosas reparaciones a causa de la corrosión de la madera, provocada por la broma marina. Por fin, el 8 de mayo de 1778, el Victory zarpó para tomar parte de su primera acción bélica contra la flota francesa de Ushant.

            Dos años después se forró la carena del Victory por debajo de la línea de flotación con 3.923 placas de cobre, cuyo peso total era de 17 toneladas, las cuales le aseguraron una casi completa protección de los ataques de la broma.

            Varias fueron las vicisitudes de este gran bajel, hasta que en 1805, izando la enseña del almirante Horatio Nelson, participó en la batalla de Trafalgar. Sobre su alcázar cayó mortalmente herido el gran almirante inglés, a causa del disparo de un tirador escogido francés que se encontraba a bordo del Redoutable.
            Cada aniversario de la batalla de Trafalgar se iza todavía sobre las vergas del Victory el famoso mensaje de Nelson enviado a las naves inglesas a través de los banderines de señales: “Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber”.

Tipo: bajel de primera clase con tres palos
Botadura: 1765
Constructores: John Lock y Edward Allin
Eslora: 69,08 metros
Manga: 15,80 metros
Calado: 7,65 metros
Desplazamiento: 3.225 toneladas
Armamento: primera batería, 30 cañones de 42 libras; segunda batería, 28 cañones de 24 libras; tercera batería, 30 cañones de 12 libras; puente de cubierta 12 cañones de 12 libras

Tripulación: 850 hombres

ANTONIO AGUILAR Y CORREA

Nacido en Madrid el 30 de junio de 1824, estudió derecho en las universidades de Sevilla y Madrid. Desde el principio de su actividad política, fue una de las figuras relevantes del Partido Liberal. Su dilatada carrera política hizo que conociera y participara en diversos regímenes políticos; sirvió a la monarquía de Isabel II, a los gobiernos surgidos de la Revolución de Septiembre de 1868 y a la Restauración borbónica con Alfonso XII y Alfonso XIII. No se involucró, sin embargo, en la I República. A pesar de todas las circunstancia políticas que sacudieron a España durante ese medio siglo, Aguilar consiguió mantener una cierta coherencia en sus opiniones políticas.

            En 1854 obtuvo su primera acta de diputado al ser elegido por Córdoba. Formaba parte de la Unión Liberal que encabezaba O’Donnell. Cuatro años más tarde fue nombrado gobernador de Madrid, en cuyo cargo se mantuvo hasta la Revolución de Septiembre de 1868, destacando por llevar a cabo una intensa campaña moralizadora. Entre 1859 y 1861 fue vicepresidente del Congreso, puesto que ocuparía nuevamente, en las Cortes Constituyentes de 1869. Durante el gobierno de O’Donnell sustituyó al marqués de Corvera al frente del Ministerio de Fomento, cargo que ocupó desde el 30 de junio de 1858 al 17 de enero de 1863. Después fue nombrado Ministro de la Gobernación, el 17 de enero de 1863, cartera que ocupó hasta el 2 de marzo de 1863.

            Al desintegrarse la Unión Liberal, se adscribió a las ideas políticas del general Serrano. Junto a éste, participó en los acontecimientos que produjeron la Revolución de Septiembre de 1868. De nuevo fue elegido diputado por Córdoba para las Cortes Constituyentes de 1869. En 1874 fue nombrado embajador en Francia.

            Con la Restauración, Aguilar se apresuró a reconocer a Alfonso XII como rey. En un principio, se alineó junto a la rama centralista de Alonso Martínez dentro del liberalismo español. Amigo íntimo de Sagasta, Aguilar se uniría al grupo de los denominados constitucionalistas fusionistas encabezados por aquél. Así volvió a ocupar un puesto destacado en el terreno político, fue elegido diputado por Andalucía y por Galicia, simultáneamente. En 1887 volvió a la carrera diplomática como embajador en Roma. Con el ascenso de Sagasta a la Jefatura de Gobierno, se hizo cargo del Ministerio de Estado en tres gabinetes consecutivos durante 1890. Volvería a ocupar este mismo cargo entre el 11 de diciembre de 1892 al 12 de marzo de 1894, hasta que fue relevado por Moret. Tras abandonar el Ministerio, obtuvo a la Presidencia del Congreso de los Diputados cada vez que el turno dio el poder a los liberales entre 1895 y 1905.

            Al fallecer Sagasta en 1903, actuaría como árbitro dentro del Partido Liberal. El 4 de diciembre de 1906 llegó a la cúspide de su carrera política al ser designado presidente del Consejo de Ministros. Ocupó este cargo por el imperativo constitucional que obligaba a votar en las Cortes el presupuesto estatal antes del 1 de enero de 1907. Aguilar apenas actuó como jefe del ejecutivo. El día 31 de diciembre de 1906 se aprobaron los presupuestos y hasta el 21 de enero la cámara estuvo cerrada por vacaciones. El 25 de enero llegó de nuevo al poder el Partido Conservador encabezado por Maura.


            Además de su actividad política, Antonio Aguilar dirigió la Academia de la Historia y la de Ciencias Morales y Políticas. Era Grande de España, además de caballero del Toisón de Oro y de la Orden Pontificia de Cristo. Consiguió un gran reconocimiento tanto nacional como internacional y múltiples condecoraciones, como la Medalla de Oro de Alfonso XIII, el collar y gran cruz de la Torre y la Espada, la Gran Cruz de la Legión de Honor Francesa o la del Águila Roja de Prusia. Falleció en Madrid el 13 de junio de 1908.

lunes, 21 de agosto de 2017

PUENTE DEL REAL de Manuel Benedito Vives

Óleo sobre tabla, de 9 x 14 cm. Fundación Manuel Benedito.

JOSÉ LÓPEZ DOMÍNGUEZ

Nació en Marbella, el 29 de noviembre de 1829, falleciendo en Madrid, el 17 de octubre de 1911. Inició los estudios militares en 1845 en la Academia de Artillería, de la que salió en 1850 con el grado de teniente. Fue destinado a Sevilla. En 1854 participó en la sublevación de O'Donnell, y al triunfar este movimiento, fue ascendido.
            Ya con el grado de comandante, formó parte de la expedición española comisionada como observadora en la Guerra de Crimea. Allí se incorporó como asistente en el cuartel general del ejército francés, asistiendo a numerosas batallas, incluido el asedio a Sebastopol. Posteriormente, hasta el fin del gobierno de O'Donnell estuvo como agregado militar en la embajada de París. A continuación fue comisionado por el gobierno para observar la campaña sostenida contra el imperio Austro-Húngaro por la unificación de Italia.
            Nombrado comandante de caballería, tomó parte en las batallas de Castillejos, Tetuán y Wad-Ras, obteniendo una Cruz de San Fernando y el ascenso a coronel por méritos de guerra. A su regreso fue elegido diputado a Cortes por la circunscripción electoral de Coín (Málaga), por la Unión Liberal. Bajo las órdenes del general Serrano participó en la batalla de Alcolea. Fue ayudante, con el rango de mariscal de campo, del rey Amadeo de Saboya durante su breve reinado.
            En los últimos meses de 1873 el gobierno le encargó la supresión del movimiento insurreccional cantonalista que surgió en Cartagena. Acabado lo cual, fue nombrado capitán general de Cataluña, y derrotó a las partidas carlistas en la batalla de Castellar de Nuch. En 1882 se separó del partido liberal, situándose políticamente, en la considerada como izquierda dinástica, tendencia que tenía su cabeza visible en el general Serrano.

            Fue ministro de la Guerra en los gobiernos de Posada Herrera y de Sagasta, y presidente del Senado en 1905 y del Consejo en 1906 junto con Canalejas, con el que fundó el Partido Democrático. Durante el gobierno de carácter radical presidido por este partido también tuvo a su cargo el ministerio de la Guerra. Con Romero Robledo fundó el partido Reformista.

ROYAL GEORGE de Gran Bretaña

El 28 de agosto de 1782 zozobró inesperadamente en Spithead el más importante bajel de línea de la flota de lord Howe; se trataba del Royal George, y el accidente causó la pérdida de casi 900 vidas humanas, de las que 300 eran mujeres y niños que habían subido a bordo para visitar a parientes y amigos. El expediente de la Corte Marcial, abierto de inmediato, determino que algunos elementos del armazón habían cedido, hecho atribuible únicamente al estado de deterioro del barco. No obstante cuando ocurrió el trágico accidente, el Royal George tenía sólo veintiséis años de vida, y los barcos de madera de la época, por lo general, no se deterioraban en un periodo de tiempo tan breve.
            Entre 1839 y 1843, el coronel Pasley intentó el desmantelamiento de los restos, ya que constituían un serio estorbo para la navegación. Un primer intento había sido efectuado en 1817. Lo que quedaba del esplendido barco después de tantos años, se hizo saltar por los aires por medio de una tonelada de pólvora metida en un cilindro metálico.

Tipo: bajel de tres puentes de primera clase
Botadura: 1756
Eslora: 66,80 metros
Manga: 12,40 metros
Calado: 6 metros
Desplazamiento: 1.578 toneladas
Armamento: primera batería, 28 cañones de 42 libras; segunda batería, 24 cañones de 32 libras; tercera batería, 22 cañones de 24 libras; 10 cañones de 12 libras; 10 cañones de 9 libras; y 6 cañones de 6 libras

Tripulación: 826 hombres

RETRATO DE JOAQUIN SOROLLA de Manuel Benedito Vives

Óleo sobre lienzo, de 100 x 76 cm. Museo de la Ciudad. Valencia.